Comentario periodístico
Por: MARQUINA ORIUNDO,
Oscar
La
música para muchos lo es todo, que quiero decir con esto, que podemos escucharlo
donde queramos, desde que nos despertamos hasta que cerramos los ojos. Dicen
que es una droga, y es verdad, porque una vez que la escuchas ya no puedes
dejar de oírla, porque te hace daño, gozas con ella, se te van las malas ideas,
todos son felices.
La
música popular campesina de Ayacucho, es una de las más ricas del Perú, porque
tine muchos cantautores como por ejemplo
Edwin y Luis Montoya, Max Castro, entre otros. Estos realizan y se presentan en
todo el Perú y hasta salen del lugar de origen para cantarlas en otros países
donde radican los peruanos, es por eso que Ayacucho no solo es una ciudad
religiosa, o mejor dicho creyente, sino que también es una región de personajes
talentosos.
Por
otro lado, leí en periódicos de la región, donde el guitarrista y compositor
Alberto Juscamaita, como también Manuelcha Prado y Raúl García Zarate, decían
que: “Ser músico es un hobby”, y tienen razón porque cuando tú empiezas a
escribir o cantar lo haces como una manera de jugar donde el objetivo es
divertirte.
Es por eso que este arte es de gran relevancia
en nuestra región, porque tenemos a grandes en la música, pero no lo escuchamos
los jóvenes, sino las personas que vivieron el terrorismo. Estas músicas se
hicieron para sufrir, llorar, recordar y
así cantarlos llevando el coro con un buen ritmo.

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